jueves, enero 12, 2017

ORFEO DESCIENDE A LOS INFIERNOS




Así comienza mi nuevo libro sobre Orfeo, músico prodigioso y enamorado más allá de la muerte, escrito para la colección de mitología Gredos: 


“La blancura helada y la soledad de la planicie quedaron rotas, de pronto, por una mancha rojiza. Asomó en la cima de una loma y pareció dudar un instante. Luego, descendió hacia él en línea recta, a toda velocidad, saltando con agilidad y elegancia sobre las puntas de las rocas que asomaban por encima de la nieve y el hielo. Con el pecho a punto de reventar por el esfuerzo, las fauces abiertas y resoplantes, el animal se detuvo a pocos pasos del hombre que, de pie, observaba su carrera. Orfeo clavó su mirada en los ojos ambarinos del tigre y durante un largo instante permanecieron los dos, hombre y bestia, mirándose.

Los aullidos llegaron enseguida, al tiempo que las puntas de las lanzas aparecían por la misma elevación por la que había llegado la fiera y descendían siguiendo su rastro. Eran cinco hombres, embutidos en pieles, con las caras rojizas y las barbas salpicadas del hielo en que se convertía su propio aliento. Orfeo se colocó al lado del animal y lo protegió colocando la mano sobre su cabeza. Los cazadores escitas, al verlo, frenaron la marcha, bajaron las lanzas y, utilizándolas a modo de bastón, se acercaron con precaución. Conocían al joven y le tenían respeto, pese a tratarse de un individuo extraño. Se negaba a matar animales, incluso los salvajes y dañinos como los lobos o los tigres, y jamás comía su carne. Rehuía la compañía humana. Ni una sola vez había aceptado la hospitalidad de sus hogares, construidos en hondas cuevas que los protegían del frío y donde el larguísimo invierno se hacía más soportable entre el calor del fuego, el retozo con las mujeres, y una bebida fermentada capaz de alegrar la existencia y tumbar al sujeto más robusto. A cualquier otro extranjero con semejantes rarezas lo hubieran despreciado o quizá dado muerte, pero Orfeo tenía un don divino: cantaba maravillosamente. Ellos mismos, pese al helor, se acercaban a veces a la puerta de su refugio y se quedaban allí, como un ejército de pálidos fantasmas, a escucharlo. Las mujeres le dejaban en el umbral haces de leña o pequeños regalos de abrigo y comida. Se detuvieron a cierta distancia, intercambiaron con él unas palabras de saludo, señalaron al cielo para indicarle la proximidad de una tormenta y se despidieron.

El viento soplaba racheado, barría aquella cumbre yerma donde nada podía crecer, ninguna criatura conseguiría vivir. Ni un árbol, ni una hierba. Un infierno de hielo. Ese era el  castigo de Orfeo: vivir segregado de todos, llorar a solas su impotencia y su aflicción. Pensar. Compartir, si acaso, el refugio rocoso que desde hacía dos inviernos era su casa, con los animales salvajes que acudían al escuchar su canto y se tendían mansamente a sus pies. Le daban calor. A veces buscaba en sus ojos una señal, un signo de entendimiento. Otras, invocaba con desesperación a Apolo y a Dioniso y les reclamaba luz. Dio un par de golpecitos en la cabeza del tigre y tomó el camino de regreso a su casa. A medida que descendía por la empinada ladera, seguido por el animal, el cielo de plomo se aplastaba más contra su cabeza, los picos de los montes Rifeos aumentaban su altura y él era cada vez más pequeño. No le dolía esa pequeñez, pues había asumido su condición mortal. Y, sin embargo, una y otra vez se preguntaba cómo pudo ser tan torpe, cuando su infancia y primera juventud le ofrecieron la oportunidad de crecer sabio…”


Estará en los quioscos de toda España a partir del 17 de enero. 

Por otra parte, el próximo 19 de enero estaré en Murcia, dando la siguiente conferencia:

 Os esperamos.


miércoles, diciembre 21, 2016

ALMAS, PÁJAROS Y FRUTOS. Felices fiestas.



 ¿Conoces algo más puro que aire de la mañana? Al levantarme me gusta mirar el cielo, aunque sea pintado. Siempre veo almas – la del pintor, las de quienes miran–, pájaros y frutos.




 



Felices fiestas, queridos amigos, y que el nuevo año os sea propicio. 




jueves, diciembre 15, 2016

PERSEO Y ANDRÓMEDA en Valencia


Andrómeda, a la izquierda, encadenada a una roca. En el mar, un monstruo asoma la cabeza y la cola. En el aire, Perseo dispuesto a defenderla. He aquí una representación de Perseo y Andrómeda en el pavimento barroco del palacio de Valeriola, en Valencia. Así que Perseo no estaba tan lejos…


“Volaba ya Perseo sobre Etiopía cuando empezó a ver inundaciones y campos desolados. Distinguió luego una magnífica ciudad. En su playa, junto a una roca que penetraba en el mar, se congregaba una muchedumbre. Una figura blanca, quieta como una estatua, destacaba contra la grisura de la roca, a mitad de la escarpa. La curiosidad lo incitó a descender e ir más despacio. Su mirada no halló una dura piedra, como esperaba, sino a una bellísima joven de piel dorada y mórbida. Sus largos cabellos, alborotados por la brisa, lo mismo cubrían que destapaban la curva dulce de sus hombros y uno de sus senos, pues la túnica se le había deslizado por la parte izquierda. Aunque su recato le exigiera taparse, le sería imposible, ya que sus muñecas estaban amarradas por argollas. Toda ella emanaba juventud, pudor y belleza. Aunque no veía su rostro, pues la muchacha miraba hacia el suelo, el dios del amor, el divino Eros, aprisionó el corazón de Perseo con más fuerza que las cadenas que a ella la retenían. Quedó tan enamorado y se sumió en tal embeleso, que se le olvidó batir sus alas y a punto estuvo de precipitarse en el mar.

 Cuando Andrómeda, al oír el aleteo, levantó la cabeza para mirarlo, sus grandes ojos velados por las lágrimas, sus labios rosados y jugosos, acabaron de subyugar al muchacho. Ella se estremeció al ver aquel extraño pájaro y bajó la vista. Se posó, al fin, Perseo frente a ella y le preguntó quién era y por qué estaba encadenada. Trababa Andrómeda de ocultar el rostro, por vergüenza, mas la insistencia del joven y el temor a que la creyera culpable de algún horrible crimen, la obligó a responder. Tras explicar los motivos por los que debía satisfacer el apetito de un monstruo, añadió, sonrojándose aún más, que aunque estaba dispuesta al sacrificio por el bien de su patria, temía que el miedo, en el último instante, la incitara a huir. Esa era la razón de las cadenas. Mientras hablaba, se atrevió a mirar dos o tres veces al muchacho volador y también Eros hizo de ella su víctima, pues además de la apostura del joven y el encanto de sus rasgos, Andrómeda vio brillar el amor en sus ojos.” 


De mi novela “PERSEO Y LA MIRADA DE MEDUSA” 

Como sabéis, esta novela, dentro de la Colección de Mitología Gredos, estará en los quioscos de toda España a partir del 23 de diciembre.

  

















*Fotografía tomada de Internet. Gracias a Vicent Lerma, que me ha puesto sobre su pista.